
Una frontera bajo presión: hallazgos del informe binacional
Las Defensorías del Pueblo de Colombia y Ecuador presentaron el informe binacional «Una frontera, desafíos compartidos», elaborado con apoyo de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos tras una misión de monitoreo en el paso fronterizo de Rumichaca. El documento evidencia que la frontera entre Ipiales (Nariño) y Tulcán (Ecuador) se ha convertido en un punto crítico donde convergen migración, conflicto armado, economías ilegales y presencia de estructuras criminales transnacionales, exponiendo a miles de personas a riesgos graves en sus cruces diarios.
El análisis revela que el 79,7% de los movimientos registrados corresponde a flujos migratorios de sur a norte, mientras que el 69,5% de las personas consultadas manifestó que migra principalmente por razones económicas y búsqueda de empleo. Sin embargo, este desplazamiento ocurre en contextos de extrema vulnerabilidad donde las instituciones estatales tienen capacidades limitadas para garantizar protección.
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Victimización generalizada: discriminación, robos y extorsiones
Los hallazgos del monitoreo documentan altos niveles de victimización entre la población migrante en el corredor fronterizo. El informe destaca que el 42,4% de las personas consultadas reportaron casos de discriminación, mientras que el 32,2% fue víctima de robos y el 23,7% sufrió extorsiones. Estas cifras reflejan un patrón sistemático de violación de derechos que ocurre frecuentemente sin que las víctimas logren acceder a mecanismos efectivos de denuncia o protección institucional.
Según la información adicional encontrada, entre 2022 y 2023 el número de niños, niñas y adolescentes que cruzaron por el Tapón del Darién se multiplicó por cuatro, pasando de 21.700 a 88.600, lo que amplifica la exposición de población infantil a estos riesgos. La combinación de discriminación, carencia de acceso a servicios básicos y presencia de delincuencia organizada crea un entorno donde la población migrante queda prácticamente desprotegida.
Un estudio específico sobre migrantes y solicitantes de asilo venezolanos en Nariño reveló que el 38% no tenía acceso al sistema de salud, el 63% experimentaba inseguridad alimentaria, el 55% de menores entre 12 y 17 años no asistía a la escuela, y el 98% sufrió discriminación por su nacionalidad. Estas cifras evidencian que la vulnerabilidad va más allá del cruce fronterizo y se extiende a la permanencia en territorio nariñense.

El control territorial de grupos armados y organizaciones criminales
Uno de los apartados más preocupantes del informe está relacionado con la presencia y acciones de estructuras armadas que operan en ambos lados de la frontera. Las Defensorías identificaron que persisten riesgos asociados al control territorial de grupos armados, delincuencia organizada transnacional, reclutamiento forzado de menores, trata de personas, extorsión y violencia basada en género.
En el lado colombiano, el reporte identifica la presencia de la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB), Comuneros del Sur y Autodefensas Unidas de Nariño. En el lado ecuatoriano menciona organizaciones criminales como Los Lobos y Los Choneros. El documento también hace referencias a colaboradores del Tren de Aragua y redes dedicadas específicamente al tráfico ilícito de migrantes y trata de personas.
La interacción entre estas organizaciones ha incrementado significativamente la disputa por corredores estratégicos utilizados para actividades ilegales como narcotráfico, contrabando, tráfico de armas y trata de personas. Esta competencia territorial tiene consecuencias directas para los migrantes, quienes se ven obligados a pagar cuotas, servicios de paso irregular y enfrentan riesgos de explotación laboral y sexual. Los grupos armados se benefician de la situación migratoria ofreciendo servicios de contrabando de migrantes, frecuentemente a través de cruces irregulares que exponen aún más a la población a violencia, homicidios, amenazas y enfermedades.
Capacidades institucionales rebasadas y vacíos de coordinación
Las Defensorías señalan que los municipios fronterizos de Ipiales y Tulcán están asumiendo responsabilidades que superan ampliamente sus capacidades institucionales y presupuestales. A pesar de ser el principal punto de tránsito terrestre formal entre Colombia y Ecuador a través del Puente Internacional de Rumichaca, la infraestructura y recursos disponibles resultan insuficientes para atender la magnitud del flujo migratorio y los riesgos asociados.
El informe documenta que persisten vacíos críticos de coordinación entre los niveles local, departamental, nacional y binacional. Esta fragmentación en la respuesta institucional impide que exista una estrategia coherente que proteja integralmente a la población migrante. Además, el documento alerta sobre la reducción de recursos de cooperación internacional, situación que estaría afectando la capacidad de atención humanitaria y poniendo en riesgo servicios esenciales como alojamiento de emergencia, alimentación, asistencia médica y asesoría legal.
Nariño en el epicentro de la crisis binacional
Para Nariño, Rumichaca continúa siendo la principal puerta de entrada y salida terrestre del país hacia el sur del continente, lo que convierte a la región en escenario permanente de tensiones humanitarias y de seguridad. El informe subraya que esta responsabilidad recae principalmente sobre municipios y departamentos con limitados recursos, mientras que la respuesta nacional y binacional resulta insuficiente.
La región enfrenta un entorno donde confluyen múltiples factores de riesgo: presencia de grupos armados disidentes, delincuencia organizada transnacional, flujos migratorios masivos, conflictividad sobre recursos ilegales y limitadas capacidades estatales de respuesta. Este panorama complejo afecta no solo a la población migrante sino también a las comunidades locales, que ven comprometida su seguridad y acceso a servicios públicos.
Recomendaciones y llamado a la acción binacional
Las Defensorías de Colombia y Ecuador concluyen que la crisis humanitaria y de seguridad en la frontera requiere una respuesta más sólida y coordinada por parte de ambos Estados. El informe insiste en la necesidad de fortalecer la presencia institucional en la frontera, garantizar recursos propios y sostenibles para la atención de la población migrante, e implementar mecanismos binacionales efectivos de protección de derechos humanos.
Entre las recomendaciones se encuentra mejorar la coordinación entre entidades locales, departamentales y nacionales; aumentar la inversión en servicios humanitarios; fortalecer los mecanismos de denuncia y protección para víctimas de delitos; implementar operativos binacionales contra el tráfico de migrantes; y garantizar acceso a servicios básicos de salud, educación y alimentación para la población en movilidad. El informe también enfatiza la importancia de abordar las causas estructurales que generan migración forzada, incluyendo la violencia en territorios de origen y las precarias condiciones económicas.
El documento representa una nueva alerta sobre los desafíos que enfrenta Nariño y la región fronteriza en materia de seguridad, movilidad humana y atención social, reafirmando que sin una respuesta estatal más robusta y coordinada, la vulnerabilidad de miles de personas continuará aumentando en los próximos meses.