Nariño tiene las arterias bloqueadas. ¿Quién va a salvar su corazón?
Diez puntos críticos. Cerca de 230.000 millones de pesos. Presencia permanente de la Fuerza Pública. Ese fue el anuncio del Ministerio de Transporte tras la visita de la ministra Elsa Noguera a Pasto. Es una buena noticia. Pero Nariño ya ha escuchado buenas noticias antes.

Una arteria en riesgo
En Cano Bajo, Chachagüí, frustraron un atentado y se incautaron 117 kilos de explosivos. Fue en el corredor de la Panamericana, la vía que conecta a Nariño con el país. Es nuestra arteria principal.
Cuando una arteria se tapa, cada minuto cuenta. Si esta se cierra, pierden el campesino, el transportador, el comerciante y la familia.
Y la Defensoría ya alertó sobre grupos armados en Ricaurte y Mallama.

Quién la bloquea
Los grupos armados ilegales buscan sembrar miedo, controlar territorios y enriquecerse con el narcotráfico, la minería ilegal y la extorsión. Su violencia merece nuestro rechazo sin matices.
Pero también hay que hablar del fracaso de la paz total y de su expresión territorial en Nariño. La Gobernación presenta cifras de reducción de homicidios, desplazamientos y confinamientos, y destaca inversiones y proyectos de la Maqueta de Paz. Sin embargo, reducir temporalmente la violencia no significa desarmar a quienes la ejercen.
La paz territorial fue, en buena medida, una tregua. Mientras se hablaba de paz, las estructuras armadas conservaron sus economías ilegales, sus fuentes de financiación y su capacidad operativa. No perdieron el control territorial ni dejaron de disputar corredores estratégicos. Tuvieron tiempo para reorganizarse y fortalecerse.
Hoy lo vemos en la Cordillera, en Linares y en otros territorios donde la población vuelve a quedar atrapada entre las armas. La mesa con la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano terminó sin alcanzar una paz sostenible. La paz total, y la política territorial que se articuló a ella, terminaron siendo un fracaso. Y ese fracaso no lo pagan quienes se sentaron a negociar ni quienes hicieron los anuncios. Lo paga la ciudadanía.
Destapar no basta
¿De qué sirve una carretera abierta si no hay una economía que haga circular la sangre?
El Índice Departamental de Competitividad 2026 ubica a Nariño en el puesto 21 entre 33 departamentos. En instituciones, en el 27. Y en infraestructura cayó cuatro puestos: del 21 al 25. La doble calzada sigue siendo una promesa de décadas. Los gremios, además, deben ir más allá de acompañar eventos: tienen que medir, proponer y exigir.
Del trino a la acción
Hoy todo es reunión. Las mismas mesas, los mismos pronunciamientos, los mismos comunicados. Es un mal viejo, que no es de un solo gobierno: lo compartimos la Gobernación, los congresistas y quienes tuvieron interlocución con el gobierno de Gustavo Petro. Nariño depositó expectativas y los resultados no estuvieron a la altura.
Es hora de pasar del trino infructuoso a la acción contundente. Ese es el gran reto que enfrenta el gobierno de Abelardo de la Espriella, que apenas comienza. Y sobre todo en estos territorios.
Por eso la pregunta no es qué anunciaron. Es quién responde y cuándo.
De la reunión con los transportadores se conoció que habría un recorrido técnico en 15 días y la seguridad cubierta en un mes. Son fechas. Nariño las va a contar.
Conectar arterias y fortalecer el corazón
Esta vez el atentado se frustró. No podemos depender de la suerte. Hay que proteger las arterias y fortalecer el corazón productivo de Nariño. Y conectarlo, no solo con Colombia, sino consigo mismo.